Siempre había pensado que el paintball era una actividad divertida, pero jamás imaginé que acabaría siendo una de las experiencias más emocionantes que he vivido en Logroño. Todo empezó un viernes cuando mis amigos y yo estábamos buscando un plan diferente, algo que nos sacara de la rutina y nos hiciera descargar energía a lo grande. Y así fue como llegamos al paintball.
Desde el primer contacto, la organización fue fantástica. Reservamos con tiempo, así que el día de la partida solo tuvimos que preocuparnos por llegar a la hora acordada. El campo está a pocos minutos del centro de Logroño, rodeado de naturaleza y con escenarios impresionantes: bosques, laberintos y torres que te hacen sentir dentro de un videojuego real.

Cuando nos entregaron el equipamiento —marcadora, máscara, chaleco protector y traje de camuflaje— inmediatamente me sentí como protagonista de una peli de acción. Después de unas claras y necesarias instrucciones de seguridad, nos dividimos en equipos y… ¡que comience la batalla!
Desde el primer disparo, la adrenalina se disparó al máximo. Corríamos entre árboles y obstáculos, esquivábamos bolas de pintura y coordinábamos estrategias gritando instrucciones a pleno pulmón. Era como jugar al escondite, pero con más emoción, pintura por todas partes y muchas carcajadas.

Al final, acabamos agotados pero felices. ¿Lo mejor? Las historias que nos llevamos y la sensación increíble de compañerismo que vivimos. Todavía recordamos los mejores momentos entre risas cada vez que nos juntamos.
Si estás dudando en probar el paintball en Logroño, no te lo pienses más: no necesitas ser ningún experto, solo tener ganas de divertirte. ¡Te aseguro que te vas a enganchar como nosotros! Para mí, fue mucho más que una partida; fue un día lleno de aventuras, emoción y momentos geniales con amigos que recordaré siempre.